Siricio (en latín: Siricius) fue el 38.º papa de la Iglesia católica. Ofició de pontífice entre 384 y su muerte, acaecida en 399. Su actividad tendió a reforzar la autoridad de la Iglesia de Roma, a través de decretales pontificias y epístolas a obispos que contenían reglas, disposiciones y decisiones conciliares. Colaboró en repetidas oportunidades con Ambrosio de Milán, e Isidoro de Sevilla lo recordó como clarissimus pontifex («ilustre pontífice»).
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